Freud estudió el complejo de Edipo, y se inspiró en el mito griego para
su denominación. El mito cuenta que al nacer Edipo, el oráculo predijo a
su padre el rey Layo, que el niño lo mataría y desposaría a su madre.
El padre, en un intento por evitar la profecía, manda matar al niño,
pero el plan falla, y Edipo retorna a Tebas siendo adulto y cumple la
profecía.
Freud describe el complejo de Edipo, como una etapa del desarrollo del niño, y resulta fundamental en la configuración psíquica del sujeto. Es conocido por ser un período en la que los niños experimentan un enamoramiento hacía sus padres. Freud, afirmaba que durante la evolución sexual de los seres humanos, hay un momento de la infancia en la que sienten atracción por la madre en el caso de los niños y por el padre en el caso de las niñas. Puede sonar un poco extraño pero en determinados casos es evidente que el niño expresa celos o rechazo ante las manifestaciones de afecto que hay entre sus padres. Es un síntoma característico del complejo de Edipo, llamado así, como lo dijimos anteriormente, porque Freud, para explicar esta fijación, hace referencia a la tragedia griega de “Edipo el Rey” en la que Edipo, sin saberlo, mata a su padre y se casa con su madre. Para el caso de las niñas este complejo se llama El complejo de Electra.
En ambos casos, el pequeño adopta una actitud posesiva y trata de impedir que sus padres tengan manifestaciones de cariño entre ellos. Ésto se debe a que los niños, alrededor de los cuatro o cinco años, durante su desarrollo sexual buscan una identificación y el modelo de comportamiento de la persona que más admiran: El padre, para el caso de los niños y la madre para el caso de las niñas. Por eso los niños imitan todo lo que hace su padre con el único fin de ser como él. Sin embargo, cuando ven que su padre enamora y seduce a la madre, el niño empieza a hacer lo mismo e inconscientemente termina viendo a su padre como un rival.
Según Freud, este conflicto emocional hace parte del desarrollo natural de la sexualidad del niño. Es un conflicto inconsciente de amor y odio, culpabilidad y miedo, que no puede evitarse por ser una etapa instintiva.
¿QUÉ DEBEN HACER LOS PADRES ANTE EL COMPLEJO DE EDIPO?
La actitud de los padres es fundamental para que el niño en corto tiempo pueda identificar su rol sexual y conciba con claridad las relaciones familiares. Para eso te damos algunos consejos:
- Mira la situación como algo anormal y no permitas que el niño sienta que su comportamiento llama la atención.
- No hay que burlarse, puede que sea gracioso ver cómo el niño siente celos de uno de sus padres, pero para él es una situación seria, no es un juego.
- En el momento de una reacción por celos hay que hablar con el niño y explicarle con dulzura y seriedad que no es correcto lo que dice o hace.
- Observa bien a tu hijo y no lo descuides ante esta situación. Recuérdale que tanto mamá como papá lo quieren y explícale brevemente en qué consiste el amor familiar.
No hay nada en el complejo de Edipo de antinatural ni de aberrante. Sencillamente, la naturaleza es anterior a la cultura, y el niño todavía no ha interiorizado por completo nuestras normas culturales, entre ellas el tabú del incesto. Hasta aquí el asunto no ofrece mayor problema. A fin de cuentas la propia realidad se encarga de que las cosas no lleguen a mayores, por mucho que el niño o la niña puedan decir a veces: "Papá -o mamá- cuando crezca me voy a casar contigo".
Pero las batallas que se libran en el campo de la fantasía, a veces, son tan importantes como las que se libran en el campo de la realidad. Porque el “enamoramiento” del niño hacia mamá necesariamente debe hacerlo sentir a papá como un rival, y ésto provoca un importante sentimiento de culpa. A la nena le ocurre a la inversa, y con el agravante de que su actual rival (mamá) había sido, cuando ella era bebé y también cuando daba sus primeros pasos, el personaje central y primordial de su vida. El drama está servido. La atracción por papá o mamá pueden vivirla la niña o el niño conscientemente -ya hemos dicho que a veces dicen querer desposarlos-, pero la rivalidad con el progenitor del mismo sexo se mantiene más o menos inconsciente, debido al sentimiento de culpa que provoca. ¿Cómo admitir que a uno le molesta y hasta desearía la desaparición de esa persona tan querida? Papá y mamá, no lo olvidemos, son, con diferencia, las personas más amadas e importantes para un niño de esta edad.
Esta novela familiar se manifiesta de múltiples maneras. Los niños quieren llamar a toda costa la atención de mamá con sus gracias y proezas. Las niñas despliegan un encanto irresistible -y a esta edad les resulta fácil- en su trato con papá. Y la rivalidad se hace notar: “Mi hija, -como contó alguien-, me trata de una manera un tanto despótica, a veces francamente insoportable, y en cambio con su papá se deshace en remilgos. La verdad es que a veces estoy desconcertada”. Pero no debemos asustarnos. Esta etapa, como ya hemos dicho, es tan normal como pasajera. Una fase que también nosotros hemos pasado, aunque no guardemos recuerdo. En primer lugar porque aquellos años tan tempranos han quedado muy lejos. Pero además porque, una vez cerrada dicha etapa, las emociones y vivencias relacionadas con esta temática sufren una férrea censura y sucumben al olvido, entrando a formar parte de nuestro mundo inconsciente.
¿CÓMO Y CUÁNDO SE RESUELVE EL COMPLEJO DE EDIPO
Hemos dicho que este conflicto es pasajero y señalaremos que lo es porque, en condiciones normales, se mantiene dentro de unos límites y termina por resolverse. Así ocurre por lo menos en las familias equilibradas y bien constituidas, donde los papeles de cada uno están claros. Eso y la rápida maduración del niño terminan por hacerle asimilar el principio de realidad: Papá y mamá se pertenecen como pareja, y él no tiene nada que hacer en ese terreno. Su papel y su lugar es otro, desde el que también puede amar intensamente a sus padres y ser amado por ellos, pero en otro plano. Así que decide posponer sus impulsos románticos y optar por el camino de la identificación: El varón quiere hacerse un hombre como papá y buscará más tarde a una mujer como la mamá, y la nena hará a la inversa. De este modo sus sentimientos quedan en paz.
Sin embargo, hay circunstancias que pueden alterar el buen curso y desenlace de esta etapa que hemos descrito. Una mala relación de pareja entre los padres puede hacer que las fantasías infantiles se exacerben y el niño crea ocupar un lugar que no le corresponde con respecto al progenitor del otro sexo, sobre todo si éste busca en el niño una compensación del amor defraudado o si rivaliza con su cónyuge para acaparar el amor del hijo. Peor aún, si se busca con el niño una complicidad a toda costa, incluso hablándole mal del otro y haciéndole confidencias acerca de la crisis de pareja. Si, en mitad de esta situación, al niño se le consiente, por ejemplo, ocupar en la cama conyugal el lugar del padre ausente, la situación se habrá llevado ya a un nivel de riesgo máximo y puede convertirse para el niño en una trampa mortal. Atrapado en sus fantasías incestuosas y embargado, como es lógico, por un intenso sentimiento de culpa, su maduración psicosexual y toda su personalidad, puede verse alterada. La neurosis y diversos trastornos en las relaciones y en la esfera sexual serán más adelante signos de esa alteración.
No hay que asustarse. Lo habitual es que la situación edípica se resuelva sin problemas, pero el riesgo existe y es mejor estar prevenidos. Dos son las condiciones para una resolución saludable de esta etapa. La primera, que la pareja formada por los padres muestre que se quiere y que está unida. Esto ayudará al chico a encontrar su lugar de niño, contrapesando sus fantasías con el peso de la realidad. Tener la certeza de que sus padres se quieren y lo quieren es lo que le dará seguridad y lo hará feliz, liberándolo de fantasías inquietantes.
Un segundo factor que ayudará a una buena resolución de esta etapa es que ninguno de los padres abdique de su autoridad. Hay que evitar que el padre sea excesivamente complaciente con la niña dejando para la madre todo el peso de la severidad (y a la inversa con el niño), lo que desequilibraría la balanza en la relación afectiva del hijo con ambos. Los dos deben combinar la autoridad y la ternura. El papá debe ser, por supuesto, cariñoso con la niña, y la mamá con su hijo, pero cuidando de no estimular sus fantasías más allá de lo sensato y razonable.
Ya lo dijimos, hay que tener cuidado de no excluir a algún progenitor y generar conflictos en sus roles de padres. Si su hijo o hija siente que usted es su único amor y usted no sabe como actuar ante esta situación, en www.sitiohispano.com encontrará expertos psicólogos que podrán guiarte en este proceso, de seguro el resultado serán hijos más felices, cariñosos con ustedes, y sumamente resueltos en el amor.
Námaste.
LUNA NUEVA
Freud describe el complejo de Edipo, como una etapa del desarrollo del niño, y resulta fundamental en la configuración psíquica del sujeto. Es conocido por ser un período en la que los niños experimentan un enamoramiento hacía sus padres. Freud, afirmaba que durante la evolución sexual de los seres humanos, hay un momento de la infancia en la que sienten atracción por la madre en el caso de los niños y por el padre en el caso de las niñas. Puede sonar un poco extraño pero en determinados casos es evidente que el niño expresa celos o rechazo ante las manifestaciones de afecto que hay entre sus padres. Es un síntoma característico del complejo de Edipo, llamado así, como lo dijimos anteriormente, porque Freud, para explicar esta fijación, hace referencia a la tragedia griega de “Edipo el Rey” en la que Edipo, sin saberlo, mata a su padre y se casa con su madre. Para el caso de las niñas este complejo se llama El complejo de Electra.
En ambos casos, el pequeño adopta una actitud posesiva y trata de impedir que sus padres tengan manifestaciones de cariño entre ellos. Ésto se debe a que los niños, alrededor de los cuatro o cinco años, durante su desarrollo sexual buscan una identificación y el modelo de comportamiento de la persona que más admiran: El padre, para el caso de los niños y la madre para el caso de las niñas. Por eso los niños imitan todo lo que hace su padre con el único fin de ser como él. Sin embargo, cuando ven que su padre enamora y seduce a la madre, el niño empieza a hacer lo mismo e inconscientemente termina viendo a su padre como un rival.
Según Freud, este conflicto emocional hace parte del desarrollo natural de la sexualidad del niño. Es un conflicto inconsciente de amor y odio, culpabilidad y miedo, que no puede evitarse por ser una etapa instintiva.
¿QUÉ DEBEN HACER LOS PADRES ANTE EL COMPLEJO DE EDIPO?
La actitud de los padres es fundamental para que el niño en corto tiempo pueda identificar su rol sexual y conciba con claridad las relaciones familiares. Para eso te damos algunos consejos:
- Mira la situación como algo anormal y no permitas que el niño sienta que su comportamiento llama la atención.
- No hay que burlarse, puede que sea gracioso ver cómo el niño siente celos de uno de sus padres, pero para él es una situación seria, no es un juego.
- En el momento de una reacción por celos hay que hablar con el niño y explicarle con dulzura y seriedad que no es correcto lo que dice o hace.
- Observa bien a tu hijo y no lo descuides ante esta situación. Recuérdale que tanto mamá como papá lo quieren y explícale brevemente en qué consiste el amor familiar.
No hay nada en el complejo de Edipo de antinatural ni de aberrante. Sencillamente, la naturaleza es anterior a la cultura, y el niño todavía no ha interiorizado por completo nuestras normas culturales, entre ellas el tabú del incesto. Hasta aquí el asunto no ofrece mayor problema. A fin de cuentas la propia realidad se encarga de que las cosas no lleguen a mayores, por mucho que el niño o la niña puedan decir a veces: "Papá -o mamá- cuando crezca me voy a casar contigo".
Pero las batallas que se libran en el campo de la fantasía, a veces, son tan importantes como las que se libran en el campo de la realidad. Porque el “enamoramiento” del niño hacia mamá necesariamente debe hacerlo sentir a papá como un rival, y ésto provoca un importante sentimiento de culpa. A la nena le ocurre a la inversa, y con el agravante de que su actual rival (mamá) había sido, cuando ella era bebé y también cuando daba sus primeros pasos, el personaje central y primordial de su vida. El drama está servido. La atracción por papá o mamá pueden vivirla la niña o el niño conscientemente -ya hemos dicho que a veces dicen querer desposarlos-, pero la rivalidad con el progenitor del mismo sexo se mantiene más o menos inconsciente, debido al sentimiento de culpa que provoca. ¿Cómo admitir que a uno le molesta y hasta desearía la desaparición de esa persona tan querida? Papá y mamá, no lo olvidemos, son, con diferencia, las personas más amadas e importantes para un niño de esta edad.
Esta novela familiar se manifiesta de múltiples maneras. Los niños quieren llamar a toda costa la atención de mamá con sus gracias y proezas. Las niñas despliegan un encanto irresistible -y a esta edad les resulta fácil- en su trato con papá. Y la rivalidad se hace notar: “Mi hija, -como contó alguien-, me trata de una manera un tanto despótica, a veces francamente insoportable, y en cambio con su papá se deshace en remilgos. La verdad es que a veces estoy desconcertada”. Pero no debemos asustarnos. Esta etapa, como ya hemos dicho, es tan normal como pasajera. Una fase que también nosotros hemos pasado, aunque no guardemos recuerdo. En primer lugar porque aquellos años tan tempranos han quedado muy lejos. Pero además porque, una vez cerrada dicha etapa, las emociones y vivencias relacionadas con esta temática sufren una férrea censura y sucumben al olvido, entrando a formar parte de nuestro mundo inconsciente.
¿CÓMO Y CUÁNDO SE RESUELVE EL COMPLEJO DE EDIPO
Hemos dicho que este conflicto es pasajero y señalaremos que lo es porque, en condiciones normales, se mantiene dentro de unos límites y termina por resolverse. Así ocurre por lo menos en las familias equilibradas y bien constituidas, donde los papeles de cada uno están claros. Eso y la rápida maduración del niño terminan por hacerle asimilar el principio de realidad: Papá y mamá se pertenecen como pareja, y él no tiene nada que hacer en ese terreno. Su papel y su lugar es otro, desde el que también puede amar intensamente a sus padres y ser amado por ellos, pero en otro plano. Así que decide posponer sus impulsos románticos y optar por el camino de la identificación: El varón quiere hacerse un hombre como papá y buscará más tarde a una mujer como la mamá, y la nena hará a la inversa. De este modo sus sentimientos quedan en paz.Sin embargo, hay circunstancias que pueden alterar el buen curso y desenlace de esta etapa que hemos descrito. Una mala relación de pareja entre los padres puede hacer que las fantasías infantiles se exacerben y el niño crea ocupar un lugar que no le corresponde con respecto al progenitor del otro sexo, sobre todo si éste busca en el niño una compensación del amor defraudado o si rivaliza con su cónyuge para acaparar el amor del hijo. Peor aún, si se busca con el niño una complicidad a toda costa, incluso hablándole mal del otro y haciéndole confidencias acerca de la crisis de pareja. Si, en mitad de esta situación, al niño se le consiente, por ejemplo, ocupar en la cama conyugal el lugar del padre ausente, la situación se habrá llevado ya a un nivel de riesgo máximo y puede convertirse para el niño en una trampa mortal. Atrapado en sus fantasías incestuosas y embargado, como es lógico, por un intenso sentimiento de culpa, su maduración psicosexual y toda su personalidad, puede verse alterada. La neurosis y diversos trastornos en las relaciones y en la esfera sexual serán más adelante signos de esa alteración.
No hay que asustarse. Lo habitual es que la situación edípica se resuelva sin problemas, pero el riesgo existe y es mejor estar prevenidos. Dos son las condiciones para una resolución saludable de esta etapa. La primera, que la pareja formada por los padres muestre que se quiere y que está unida. Esto ayudará al chico a encontrar su lugar de niño, contrapesando sus fantasías con el peso de la realidad. Tener la certeza de que sus padres se quieren y lo quieren es lo que le dará seguridad y lo hará feliz, liberándolo de fantasías inquietantes.
Un segundo factor que ayudará a una buena resolución de esta etapa es que ninguno de los padres abdique de su autoridad. Hay que evitar que el padre sea excesivamente complaciente con la niña dejando para la madre todo el peso de la severidad (y a la inversa con el niño), lo que desequilibraría la balanza en la relación afectiva del hijo con ambos. Los dos deben combinar la autoridad y la ternura. El papá debe ser, por supuesto, cariñoso con la niña, y la mamá con su hijo, pero cuidando de no estimular sus fantasías más allá de lo sensato y razonable.
Ya lo dijimos, hay que tener cuidado de no excluir a algún progenitor y generar conflictos en sus roles de padres. Si su hijo o hija siente que usted es su único amor y usted no sabe como actuar ante esta situación, en www.sitiohispano.com encontrará expertos psicólogos que podrán guiarte en este proceso, de seguro el resultado serán hijos más felices, cariñosos con ustedes, y sumamente resueltos en el amor.
Námaste.
LUNA NUEVA



3 comentarios:
Muy bueno!! Namaste!
como es el complejo de edipo en padres solteros y como se desarrolla?
Mi novio tiene 24 años y tiene complejo de edipo , que debo hacer para que lo reconozca?, este problema tiene solucion en el hombre adulto?
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