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jueves, 31 de mayo de 2012

ENTENDIENDO LA LEY DEL KARMA


Todo me pasa a mí. ¿Por qué a mí? ¿Qué hice yo para merecer esto?. Estoy lleno de problemas y no veo la salida…Todos creemos que sabemos los problemas que tenemos. Todos sabemos, en el acierto o en el error, cuáles son nuestras debilidades y fortalezas. Existen situaciones obvias: La falta de dinero, la falta de una vida emocional estable y con proyección a futuro. Entonces ¿Cuál es el propósito de la vida? ¿Es el sentido de la vida estar llenos de problemas? ¿Qué importancia tiene este mundo lleno de hambre guerras y pobreza? ¿Para qué vivir en la agonía de la necesidad constante? ¿Qué objetivo tienen las mentiras y traiciones de sistemas políticos corruptos y economía ávidos del sudor ajeno? ¿Por qué querer tener cada día más? ¿Cuál es la vida que estoy viviendo, la vida que quiero o la vida que quieren otros que viva? ¿Qué es lo que hace que determinadas cosas tiendan a salirnos bien y otras a salirnos mal? ¿Cómo puede la Providencia ser tan injusta? ¿Por qué esa persona tan agradable nació ciega? ¿Por qué Dios es tan cruel?.

La respuesta a éstas y a otras muchas preguntas similares, pueden hallarse en la literatura Védica de la antigua India. En ella encontramos el concepto de Karma, una ley de la naturaleza a grandes rasgos, comparable a la ley Física, que establece que para cada Acción hay una Reacción. La ley del Karma se basa en el principio de la Reencarnación: El alma constantemente habita nuevas entidades y transmigra de un cuerpo al otro después de la muerte. La ley del Karma determina el siguiente cuerpo que el alma habitará después de la muerte.

Esta cuestión del Karma ha sido objeto de gran preocupación por parte de los Filósofos, tanto en Oriente como en Occidente. Una teoría occidental dice que cuando nacemos, nuestras vidas son como una hoja de papel en blanco. A partir de allí, cada vida se desarrolla como resultado de su entorno y de las fuerzas que actúan en ella, parientes, amigos, sociedad, cultura dominante, etc. El Budismo, sin embargo, enseña que la vida es eterna y que hemos vivido incontables vidas hasta este momento. Ésto implica que no nacemos como hojas en blanco, sino como páginas con incontables impresiones hechas con anterioridad. De acuerdo al Budismo, la vida existe en el cosmos por siempre; algunas veces es manifiesta y otras es latente. Tal como cuando dormimos y después despertamos. Entre el sueño y el despertar, nuestros pensamientos quedan en un estado subconsciente. Similarmente, cuando morimos, nuestra existencia queda en un estado latente. Y así, la vida de uno continúa eternamente, alternando estados de vida y muerte. La muerte es tan parte de la vida, como el dormir es parte del proceso de vivir.

Sobre esta base, el Karma es la acumulación de los efectos de las causas buenas y malas que realizamos a través de nuestras vidas anteriores, de los actos positivos y negativos que hicimos en esta vida, y de las que en este preciso instante estamos haciendo. El funcionamiento de las causas y los efectos puede no ser demasiado obvio. La vida con frecuencia parece injusta. ¿Cómo es que un señor inescrupuloso y egoísta se hace rico? ¿Por qué esa agradable mujer de la otra calle tiene cáncer? ¿Por qué la gente nace en tan diferentes circunstancias? Seguramente un niño no tuvo oportunidad de hacer las causas para nacer en la pobreza y el hambre. Solamente podemos explicar esas circunstancias, si entendemos que la vida es eterna y que nuestro nacimiento fue determinado por las causas hechas en vidas previas. Todo lo que hacemos en esta vida afecta el balance positivo o negativo de nuestro Karma. Por ejemplo, si nacimos pobres pero dedicamos la vida a darle a otros cualquier cosa que podamos darles, estamos haciendo causas para cambiar el Karma negativo de ser pobres. Por otra parte, si dedicamos la vida a envidiar, u odiar, o a robar a los demás, estamos haciendo causas para aumentar el Karma negativo. Porque cada pensamiento, palabra y obra es una causa que crea un efecto. A un nivel simple, si vamos a trabajar, nos pagarán, si hacemos ejercicios, estaremos fuertes. Por lo tanto, el destino no es arbitrario, ni es impuesto por una fuerza sobrenatural, sino que nosotros lo creamos en cada instante.

La doctrina del Karma tiene una gran implicancia: no podemos culpar a nadie más por nuestro sufrimiento. Claro que ésto no significa que los demás no cuentan; ellos tendrán la recompensa por sus propias acciones. Lo importante es que nuestro sufrimiento proviene de nuestro interior, no del exterior. A pesar de que ésto parece estricto, de hecho es en extremo liberador. Después de todo, no podemos cambiar a la otra gente. Mejor dicho, la única manera de cambiar a otras personas es cambiar la manera en que nos relacionamos con ellas, cambiándonos primero a nosotros mismos. Cada ser viviente individual es responsable por su Karma. Cuando decimos o pensamos ¿Qué habré hecho yo para merecer esto?, de un modo subconsciente lo reconocemos, aunque no conozcamos el mecanismo exacto por el cual actúa la ley del Karma

El ser humano puede evolucionar espiritualmente al punto de estar permanentemente liberado de la ley del Karma. Esto sucede cuando uno adquiere un cuerpo espiritual. Las reacciones del Karma pueden ser eliminadas a través de procesos para la autorrealización. Los sabios o gurúes de algunas doctrinas creen y aseguran que aquellos seres realizados pueden recordar sin equívocos sus vidas pasadas, algo que las personas comunes nunca podremos hacer. Los recuerdos, de todas maneras, permanecen ocultos y guardados en el interior de cada ser. Algunas escuelas Budistas sostienen que es a través de la meditación que se puede llegar al estado de superconsciencia, más conocido como Nirvana, el cual representa el fin de la existencia condicionada por el Karma.

Pero hasta que nos decidamos por esas opciones, sólo sabemos que nada de lo que sucede en la vida, absolutamente nada, ocurre porque sí. Todo tiene una causa inicial, todo tiene un sentido profundo, tan profundo que trasciende a la normal comprensión racional, a esa comprensión superficial de la inmensa mayoría de los seres humanos, que sólo somos capaces de vislumbrar los efectos que esas causas producen. Lo cierto es que todas las relaciones, se hayan establecido por una o por otra causa, sólo tienen un objetivo concreto: la evolución del ser humano. Y como dijo un amigo mío: ”Tenemos que evolucionar juntos con nuestros más y nuestros menos, superando y corrigiendo cosas y, que por encima de todo, esté el Amor”.

Námaste


LUNA NUEVA
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2 comentarios:

Anónimo dijo...

me ha encantado!! Gracias

Unknown dijo...

Genial. Te interesará tb este artículo http://hermandadblanca.org/2012/05/06/cuanto-hacemos-por-el-cese-del-sufrimiento/