Todos hemos sufrido alguna vez injusticias y humillaciones; algunos tienen que soportar diariamente torturas, no sólo en una cárcel, sino también en un puesto de trabajo o en el entorno familiar. Es cierto que nadie puede hacernos tanto daño como los que debieran amarnos. “El único dolor que destruye más que el hierro es la injusticia que procede de nuestros familiares,” reza un dicho.
¿Cómo reaccionamos ante un mal que alguien nos ha ocasionado con cierta intencionalidad? Normalmente, desearíamos espontáneamente golpear a los que nos han pegado, o hablar mal de los que han hablado mal de nosotros. Pero esta actuación es como un bumerán: nos daña a nosotros mismos. Es una pena gastar las energías en enfados, recelos, rencores o desesperación; y quizá es más triste aún cuando una persona se endurece para no sufrir más.
Lo primordial es perdonarnos primero a nosotros mismos por no haber respondido al ideal de cómo deberíamos ser. Cuando nos perdonamos por nuestros errores, nuestra auto-aceptación y nuestro auto-perdón se extiende a otros.
Perdonar implica desprenderse del dolor, el resentimiento, la ira y el deseo de venganza o represalia. El acto de perdonar significa un compromiso personal, la profunda certeza de que hacemos y pensamos lo correcto. Esta tarea tiene un carácter individual y debe realizarse en la tranquilidad del hogar, sin nada que nos interrumpa.
Perdonar no es justificar, excusar u olvidar. Perdón no implica indulto, pero tampoco debería promover el ánimo de venganza. Simplemente significa dejar de lado aquellos pensamientos negativos que nos causaron dolor o enojo. El perdón libera de ataduras que amargan el alma y enferman el cuerpo. Es un acto que involucra nuestra fuerza de voluntad a través del cual nos damos cuenta que está en nuestro poder desprendernos de algo que nos roba energía o tranquilidad. Desde el punto de vista psicológico, hay tres caminos de manejar el odio, el resentimiento y la bronca: negarlo, vivir enojados, perdonar. De esta manera podemos decir que el perdonar es un proceso interno que sólo puede permitirse la persona perjudicada. Es un trabajo tan personal e individual que, a veces, no es necesario que quien haya provocado el daño pida perdón.
El perdón es liberador y libera a quien perdona. Un aspecto valioso de perdonar consiste en cortar las ataduras o cadenas que conectan a personas de forma negativa. Los que no desean perdonar a otros son prisioneros de su propio odio. Ese odio se convierte en veneno. Perdonar es el antídoto. El acto del perdón pone el dolor original en un contexto de sanación y se evita crear otro escenario como víctima. El perdón es un acto de amor hacia uno mismo.
UTILIZA A DIARIO LA ENERGÍA DEL PERDÓN
La energía del Perdón proviene desde tu Presencia: "Yo soy". Visualízala descendiendo desde el Corazón de tu Presencia, llegando hasta tu Corazón y partiendo desde allí hacia quienes sientas que puedan haberte hecho algo que te haya molestado, envuélvelos con esta energía, que lleva el color de la llama triple que está en cada Corazón, mezclada y entrelazada: Observa un Violeta-Dorado-Azulado; envuelve a la persona y envuélvete tu.
El Perdón debe ser sincero y no deben quedar vestigios de nada que haya sucedido. Puedes lograrlo si te colocas en el lugar del otro y tratas de ver el problema desde su punto de vista; una vez que lo comprendas, actúa con todo tu Corazón. Recuerda que se trata de eliminar lo que envenena tu vida y la de la otra persona; hazlo con mucho amor y agradecimiento porque vas a disfrutar al sacarte de encima la mochila que no te permitía ser libre.
PERDÓNATE A TI MISMO
Hay muchas razones para perdonar. Los odios y resentimientos causan una espantosa enfermedad física que llamamos cáncer. Tus células obedecen al material mental con que tu las provees, y a partir de allí hacen un hermoso jardín (si pudieras verlas con el microscopio, comprobarías la belleza), que constantemente florece ya que está regado con abundantes pensamientos, que giran sobre el mismo problema. Y eso es sólo la manifestación física y tal vez la menos importante; la energía no circula ya que la obstrucción es grande, por lo que puede producir otras falencias. Consumes un montón de energía calificándola mal, la cual volverá a ti causando otros problemas, para que la transmutes. Creas Karma atándote a la persona que odias. Esta atadura es mas fuerte que otras, por lo que reencarnarás con la misma persona, que puede ser tu próxima pareja, tu hijo, tu madre, o cualquier ser muy allegado a ti, exactamente para que aprendan a amarse. Ese resentimiento puede volver a aflorar en la otra vida, y como el ser es muy allegado, produciría dolores aún mayores.
Mientras alimentes ese sentimiento consumirás tu energía de la alegría, y tu vida se convierte en un triste pasar. Recuerda que pedimos de acuerdo a lo que damos, por lo que si no acreditamos en nosotros la energía del perdón, cuando lo necesitemos pues, no lo tendremos. Y recuerda que todos lo necesitamos. Al perdón, más que adorarlo, como en la Era de Piscis, ahora en la Era de Acuario, deberíamos imitarlo. ¿No te parecería hermoso?.
Námaste
El perdón es liberador y libera a quien perdona. Un aspecto valioso de perdonar consiste en cortar las ataduras o cadenas que conectan a personas de forma negativa. Los que no desean perdonar a otros son prisioneros de su propio odio. Ese odio se convierte en veneno. Perdonar es el antídoto. El acto del perdón pone el dolor original en un contexto de sanación y se evita crear otro escenario como víctima. El perdón es un acto de amor hacia uno mismo.
UTILIZA A DIARIO LA ENERGÍA DEL PERDÓN
La energía del Perdón proviene desde tu Presencia: "Yo soy". Visualízala descendiendo desde el Corazón de tu Presencia, llegando hasta tu Corazón y partiendo desde allí hacia quienes sientas que puedan haberte hecho algo que te haya molestado, envuélvelos con esta energía, que lleva el color de la llama triple que está en cada Corazón, mezclada y entrelazada: Observa un Violeta-Dorado-Azulado; envuelve a la persona y envuélvete tu.
El Perdón debe ser sincero y no deben quedar vestigios de nada que haya sucedido. Puedes lograrlo si te colocas en el lugar del otro y tratas de ver el problema desde su punto de vista; una vez que lo comprendas, actúa con todo tu Corazón. Recuerda que se trata de eliminar lo que envenena tu vida y la de la otra persona; hazlo con mucho amor y agradecimiento porque vas a disfrutar al sacarte de encima la mochila que no te permitía ser libre.
PERDÓNATE A TI MISMO
Hay muchas razones para perdonar. Los odios y resentimientos causan una espantosa enfermedad física que llamamos cáncer. Tus células obedecen al material mental con que tu las provees, y a partir de allí hacen un hermoso jardín (si pudieras verlas con el microscopio, comprobarías la belleza), que constantemente florece ya que está regado con abundantes pensamientos, que giran sobre el mismo problema. Y eso es sólo la manifestación física y tal vez la menos importante; la energía no circula ya que la obstrucción es grande, por lo que puede producir otras falencias. Consumes un montón de energía calificándola mal, la cual volverá a ti causando otros problemas, para que la transmutes. Creas Karma atándote a la persona que odias. Esta atadura es mas fuerte que otras, por lo que reencarnarás con la misma persona, que puede ser tu próxima pareja, tu hijo, tu madre, o cualquier ser muy allegado a ti, exactamente para que aprendan a amarse. Ese resentimiento puede volver a aflorar en la otra vida, y como el ser es muy allegado, produciría dolores aún mayores.Mientras alimentes ese sentimiento consumirás tu energía de la alegría, y tu vida se convierte en un triste pasar. Recuerda que pedimos de acuerdo a lo que damos, por lo que si no acreditamos en nosotros la energía del perdón, cuando lo necesitemos pues, no lo tendremos. Y recuerda que todos lo necesitamos. Al perdón, más que adorarlo, como en la Era de Piscis, ahora en la Era de Acuario, deberíamos imitarlo. ¿No te parecería hermoso?.
Námaste

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